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Un poco de Historia

España necesitó la astronomía controlar el enorme imperio de ultramar, Jorge Juan uno de los mas celebre marinos del siglo XVIII sugirió al rey Carlos III el establecimiento de un Observatorio Astronómico de la Marina, fundado en 1753 y transferidas posteriormente a una nueva institución, el Real Observatorio de Madrid.Se encarga al astrónomo William Herschel la construcción de un telescopio reflector de 60 cm de diámetro, siendo uno de los mejores telescopios construidos por él.En marzo de 1904 el Observatorio fue agregado al ahora llamado Instituto Geográfico Nacional.. El Observatorio fue incluso encargado de realizar trabajos de meteorología El edificio principal del Real Observatorio de Madrid, diseñado por Juan de Villanueva, uno de los arquitectos mas famosos de la epoca.

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La noche del 23 de junio nuestro satélite se acerca a la Tierra a la corta distancia de 356.991 km, lo que hace que veamos la Luna aproximadamente un 12% más grande que cuando adquiere el menor tamaño posible.

Nuestra Luna es de gran tamaño comparada con la Tierra, sólo 3,6 veces más pequeña (el diámetro del satélite es de 3.476 km). Este caso solo ocurre con nuestro satélite y la Tierra, y con el planeta enano Plutón y su satélite Caronte, que es la mitad del tamaño de aquél y está considerado como un sistema planetario doble. Ni tan siquiera Caronte gira alrededor de Plutón, sino que ambos lo hacen alrededor de un punto que se encuentra en el espacio. El tamaño de nuestra Luna y su proximidad hacen que podamos disfrutar de las curiosidades que presenta cada año, es el caso de la superluna.

En realidad, el fenómeno de la superluna, máxima aproximación de la Luna a la Tierra, tiene lugar cada 15 o 18 años. La última fue la del 6 de mayo de 2012, y la siguiente la de 2028. Pero entre tanto, la Luna cumple cada año con un máximo de aproximación a la Tierra. Tendrá que llegar el año 2028 para ver algo similar, cuando el 10 de febrero se aproxime hasta los 356.677 km.

Esta noche será la Luna llena más grande y brillante del año. La distancia a la Luna es variable, ya que su órbita no es circular, sino elíptica (un círculo aplastado). Resulta que cuando se encuentra a la mayor distancia de la Tierra (apogeo) se aleja hasta los 406.740 km y cuando llega al punto de mínima distancia (perigeo) lo hace a sólo 356.410 km. Esto hace que la Luna se vea más grande o más pequeña según la distancia a la que se encuentre de la Tierra y este fenómeno se puede comprobar a simple vista.

El hemisferio visible de la Luna, el día 23 de junio, brillará más que cualquier otro día del año. La Luna, la Tierra y el Sol estarán casi alineados, mostrándose la Luna perfectamente redonda. Tendríamos que saber cuando miremos el hemisferio iluminado de la Luna, que se encuentra a una media de 107ºC, mientras que en cualquier lugar en el que se proyecte una sombra, la temperatura bajará hasta los -153ºC de media y esto ocurre en cualquier planeta o satélite que no tenga atmósfera, como nuestra Luna.

Una ilusión óptica

En muchas ocasiones nos hemos quedado impresionados por el tamaño de la Luna llena cuando ésta está próxima al horizonte. Este acontecimiento no tiene nada que ver con el fenómeno real que ocurrirá esta noche. Cuando la Luna llena se halla en el horizonte, su tamaño aparenta ser casi el doble que cuando está alta en el cielo. Es un fenómeno que aún no tiene explicación y que ha sido achacado de forma incorrecta a la presencia de nuestra atmósfera y a la refracción de la luz reflejada de la Luna que hace que estos rayos varíen la trayectoria al entrar en un medio diferente al espacio, nuestra atmósfera. No es un fenómeno físico, si lo fuera ya se hubiera dado con la clave.

En realidad, el fenómeno, podría tratarse (ya que está en estudio) de una ilusión óptica, de una percepción humana global, ya que nos ocurre a todos. La Luna nos puede parecer más grande en el horizonte porque contamos con referencias, como árboles, edificios, montañas, etc, mientras que cuando está lejos del horizonte y suspendida en lo alto del cielo, no contamos con ninguna referencia y nos parece lejana y pequeña.

¿Catástrofes?

Algunas personas relacionadas con el mundo de los misterios intentan hacernos creer que ciertos desastres acaecidos en la Tierra son fruto de las apariciones de las superlunas, como en 1974 cuando la ciudad de Darwin en Australia había quedado arrasada por el ciclón Tracy el día de Navidad, en realidad la superluna fue el 8 de enero. También hacen referencia al tsunami y terremoto de Sumatra que tuvo lugar el 26 de diciembre de 2004, pero en ese año, no hubo una superluna destacable. O el devastador y más reciente terremoto y tsunami de Japón de magnitud 9 que creó olas de más de 40 m de altura del 11 de marzo de 2011, aunque la superluna apareció el 19 de marzo.

La superluna del 23 de junio no traerá consecuencias tan catastróficas. No habrá terremotos, erupciones volcánicas, huracanes u hombres lobos aullando en plena noche, provocado por el acontecimiento, solo un aumento de las mareas que se harán más extensas en las costas, penetrando el agua algunos centímetros más de lo normal en tierra. El pequeño aumento de la fuerza de la gravedad de la Luna sobre nosotros, por su acercamiento, es insuficiente para provocar algún fenómeno catastrófico.En cualquier caso, si para el día 23, hubiera un terremoto, por ejemplo, sería fruto de la casualidad y no por la intervención de la Luna.

Una vez más, disfrutemos de un acontecimiento celeste al alcance de cualquiera, ya que el fenómeno es visible a simple vista.

 

Por Miguel Gilarte Fernández, presidente de la Asociación Astronómica de España y director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata.

 

 

La astronomía griega se transmitió más tarde hacia el Este a los sirios, indios y árabes. Los astrónomos árabes recopilaron nuevos catálogos de estrellas en los siglos IX y X y desarrollaron tablas del movimiento planetario. El astrónomo árabe Azarquiel, máxima figura de la escuela astronómica de Toledo del siglo XI, fue el responsable de las Tablas toledanas, que influyeron notablemente en Europa. En 1085, año de la conquista de la ciudad de Toledo por el rey Alfonso VI, se inició un movimiento de traducción del árabe al latín, que despertó el interés por la astronomía (entre otras ciencias) en toda Europa (véase Escuela de traductores de Toledo). Se tradujeron las Tablas toledanas y el Almagesto de Tolomeo y en 1272 se elaboraron las Tablas alfonsíes bajo el patrocinio de Alfonso X el Sabio; estas tablas sustituyeron a las de Azarquiel en los centros científicos europeos. En el siglo XV comenzaron a surgir dudas sobre la teoría de Tolomeo: el filósofo y matemático alemán Nicolás de Cusa y el artista y científico italiano Leonardo da Vinci cuestionaron los supuestos básicos de la posición central y la inmovilidad de la Tierra.

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